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Introducción
En mi trabajo, escucho con frecuencia frases como “el Parkinson es solo temblor” o “si me muevo mucho, me haré más daño, o la enfermedad avanzará más rápido”. Estos son ejemplos de mitos que circulan alrededor de la enfermedad de Parkinson, y que muchas veces generan miedo, dudas o incluso retrasan la búsqueda de ayuda adecuada.
La información errónea puede ser tan limitante como los propios síntomas. Por eso, en este artículo quiero ayudarte a distinguir entre lo que sí es cierto y lo que no debes creer, basándome en la evidencia científica y en mi experiencia clínica.
Mito 1: El Parkinson es solo temblor
La realidad:
El temblor es uno de los síntomas más visibles, pero no todas las personas con Parkinson lo presentan. La enfermedad también incluye rigidez muscular, lentitud de movimientos, alteraciones de la marcha, cambios posturales, fatiga, problemas del habla o síntomas no motores como alteraciones del sueño o del estado de ánimo.
Reducir el Parkinson al temblor es simplificar demasiado una condición mucho más compleja.
Mito 2: El Parkinson solo afecta a personas mayores
La realidad:
Aunque la mayoría de los diagnósticos se dan a partir de los 60 años, existe el Parkinson de inicio temprano, que puede aparecer incluso antes de los 50. En consulta y en las Asociaciones de Parkinson, mis pacientes van desde los 41 hasta los 97 años, como ves, hay gente joven que convive con la enfermedad, y que en los últimos años, gracias a las mejoras en el diagnóstico precoz, pueden llegar antes a nuestras manos para ayudarles. Como supondrás, nada tienen que ver las necesidades y el enfoque terapéutico que precisa una persona en la etapa de los 40-50 años, con el de una persona próxima a los 80.
El Parkinson no tiene edad única: afecta a adultos en distintos momentos de la vida.
Mito 3: No hay nada que se pueda hacer aparte de la medicación
La realidad:
El tratamiento farmacológico es fundamental, pero no es la única herramienta. La fisioterapia especializada, el ejercicio terapéutico, la logopedia, la terapia ocupacional y la neuropsicología son claves para mantener la autonomía y la calidad de vida.
El ejercicio físico en particular tiene un papel cada vez más reconocido por la investigación científica, tanto por sus beneficios motores como por su posible efecto neuroprotector y psicológico.
(Te recomiendo leer este artículo relacionado: Ejercicio físico en el Parkinson: por qué es clave desde el primer día)
Mito 4: El Parkinson avanza igual en todas las personas
La realidad:
No hay dos personas con Parkinson que evolucionen de la misma manera. La progresión depende de múltiples factores: la edad, el momento del diagnóstico, el estilo de vida, la respuesta a la medicación, la presencia de otras enfermedades y, sobre todo, la adherencia a un tratamiento integral.
Por eso siempre insisto en que la evaluación inicial y el seguimiento personalizado son fundamentales.
Mito 5: El ejercicio puede empeorar los síntomas
La realidad:
Muy al contrario, el ejercicio bien pautado mejora la movilidad, la fuerza, el equilibrio y el ánimo. Es una de las herramientas más efectivas para retrasar complicaciones y ganar autonomía.
Lo importante no es moverse más, sino moverse mejor, de forma segura y adaptada a cada persona.
Mito 6: Las personas con Parkinson siempre pierden su independencia
La realidad:
Con el apoyo adecuado, muchas personas logran mantener un alto grado de autonomía durante años. La clave está en combinar la medicación con el trabajo de fisioterapia, ejercicio, ajustes en el hogar y estrategias de autocuidado.
He visto cómo pequeños cambios en la rutina diaria, sumados a un programa de ejercicios, permiten que mis pacientes conserven su independencia y confianza en actividades cotidianas. Incluso vuelvan a recuperar actividades que hace años no hacían, al mejorar su condición física.
En resumen
Los mitos sobre el Parkinson no solo confunden, también pueden limitar la vida de quienes conviven con esta enfermedad. Creer que “no hay nada que hacer” o que “el Parkinson es igual para todos” es tan dañino como no recibir tratamiento.
La realidad es muy distinta: sí, existen herramientas eficaces. El ejercicio es seguro, y cada persona puede construir un camino único hacia una vida con mayor autonomía y calidad.
Si vives con Parkinson, rodéate de profesionales especializados y de información basada en la evidencia. Y recuerda: no todo lo que escuches sobre la enfermedad es cierto, pero sí hay mucho que puedes hacer desde el primer día.
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