Síntomas no motores del Parkinson: detección precoz y esperanza en las fases tempranas.

Detección precoz_investigación Parkinson

Introducción

La investigación sobre el Parkinson está evolucionando. Hasta hace bien poco, la mayoría de los diagnósticos se realizaban cuando ya aparecían los síntomas más visibles: temblor, lentitud de movimientos, rigidez. Pero hoy sabemos que la enfermedad no nace del día al siguiente. Se va gestando. Y lo que ocurre es que muchos de los primeros signos no son solo motores. Reconocerlos puede marcar una diferencia real, tanto para la persona que lo padece como para su entorno.

¿Qué son los “síntomas no motores” y por qué importan?

Cuando hablamos de síntomas no motores nos referimos a señales que no tienen que ver directamente con moverse o temblar, sino con otros sistemas del cuerpo: el olfato, el sueño, el sistema digestivo, el sistema nervioso autónomo, el corazón… (Pincha AQUI para tener más información)

La neuróloga María del Mar Carmona (Hospital Universitario de Basurto, Bilbao) explica que estos síntomas pueden aparecer varios años antes de que se manifiesten los clásicos síntomas motores del Parkinson.

Por ejemplo: pérdida de olfato, estreñimiento, alteraciones del sueño, cambios en la frecuencia cardíaca o en la presión arterial, problemas de regulación del sistema autónomo. Este conjunto se denomina a veces “fase premotora”.

Aceptar que esta fase existe es clave: es la ventana de oportunidad.

¿Qué ha descubierto la investigación y por qué te conviene saberlo?

Aquí algunos datos relevantes:

– El estudio de Carmona sobre tejido cardíaco post mortem encontró que alrededor del 90 % de los pacientes con Parkinson presentaban depósitos de una proteína llamada alfa‑sinucleína también en las fibras nerviosas del corazón, junto con pérdida de esas fibras (denervación).

– Es decir: el sistema nervioso periférico (fuera del cerebro) ya había comenzado a verse afectado antes de los síntomas motores. Esto abre la puerta a que podamos detectar antes, en lugar de esperar a que se manifiesten los síntomas que “todos conocen”. Biotech Spain+1

– Carmona subraya que el objetivo de la investigación no es solo aliviar síntomas, sino modificar la enfermedad: intervenir cuando aún no se ha producido un daño irreversible. iSanidad

Esto tiene implicaciones también para la fisioterapia, la rehabilitación y los cuidados: cuanto antes comenzamos a actuar (aunque sea de una forma adaptada), mejor será la calidad de vida a medio-largo plazo.

¿Qué significa para pacientes y familiares?

Desde una perspectiva práctica, estos hallazgos nos invitan a pensar de la siguiente forma:

1. No esperar a que aparezca el temblor o la rigidez. Si alguien ya está diagnosticado, es útil revisar con el equipo médico los síntomas no motores (olfato, sueño REM, estreñimiento, cambios de presión, sensación de mareo al ponerse de pie, etc.).

2. Priorizar la fisioterapia y rehabilitación desde etapas lo más tempranas posible. Un profesional de fisioterapia especializado puede ayudar a planificar ejercicios, movilidad, estrategias para afrontar la progresión.

3. Incorporar hábitos saludables de vida: ejercicio adaptado, alimentación equilibrada, sueño de calidad, control cardiovascular. Esto es especialmente relevante para el grupo de edades 50-80, en el que el diagnóstico es más frecuente.

4. Trabajar en equipo: paciente + fisioterapeuta + neurólogo + familiar/cuidador. Cuando se tiene en cuenta la fase premotora o la detección temprana, el cuidado no es solo “reacción” sino “acción anticipada”.

5. Mantener la esperanza basada en conocimiento: Saber que existe investigación que trabaja en terapias modificadoras y en marcadores tempranos puede ayudar a cambiar la actitud, no solo desde el punto de vista médico sino psicológico y de autocuidado.

Conclusión:

El mensaje es sencillo pero potente: no esperes al temblor. La enfermedad del Parkinson comienza antes de lo que vemos. Y en ese “antes” está la oportunidad.

Esto significa que la intervención puede —y debe— comenzar cuanto antes, con visión integral: parte médica, parte rehabilitadora y parte de hábitos de vida.

La investigación de la Dra. Carmona y otros equipos nos abre una puerta: una puerta hacia una mejor calidad de vida, incluso en una enfermedad progresiva. Y aunque hoy no tengamos cura, la detección precoz, el tratamiento adaptado y el cuidado proactivo marcan la diferencia.

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