Introducción
La motivación es uno de los pilares invisibles del tratamiento del Parkinson. Aunque los ejercicios, las rutinas y las técnicas de fisioterapia son esenciales, nada de eso funciona si el paciente no se siente implicado, comprendido y con un propósito claro.
En la enfermedad de Parkinson, donde la constancia y la repetición son claves para mantener la movilidad y la autonomía, fomentar la adherencia terapéutica no es solo un objetivo clínico: es una herramienta para preservar la calidad de vida.
Entender qué es la adherencia terapéutica
La adherencia no significa únicamente “cumplir con las sesiones de fisioterapia”, sino mantener un compromiso activo con el tratamiento, entendiendo su propósito y beneficios.
En las personas con Parkinson, puede verse afectada por diversos factores:
Cambios en el estado de ánimo (apatía o depresión):
– Dificultades cognitivas o de memoria.
– Problemas de movilidad o de transporte.
– Falta de acompañamiento familiar o social.
Por eso, trabajar la motivación es tan importante como trabajar el movimiento. Ambos caminan de la mano.
Motivación y Parkinson: más allá del ejercicio
El Parkinson no solo altera los movimientos. También modifica los circuitos cerebrales implicados en la motivación y la recompensa, especialmente aquellos donde actúa la dopamina.
Esto significa que, aunque el cuerpo pueda realizar un ejercicio, la mente puede no “sentir” la necesidad o el placer de hacerlo. Aquí entra el papel fundamental del fisioterapeuta: diseñar terapias que activen tanto el cuerpo como la motivación interna del paciente.
Algunos estudios (por ejemplo, Journal of Parkinson’s Disease, 2024) muestran que los programas de fisioterapia que incluyen objetivos concretos, retroalimentación positiva y tareas significativas logran mayor adherencia y resultados funcionales más duraderos.
Estrategias prácticas para mejorar la adherencia al tratamiento
1. Establecer metas realistas y significativas
Las metas deben ser alcanzables y tener sentido para la persona.
No es lo mismo decir “haz tres series de ejercicios” que “trabajaremos para que puedas caminar con más seguridad hasta el mercado”.
Cada pequeño logro refuerza la sensación de autonomía.
2. Registrar los avances
Llevar un cuaderno o una hoja de seguimiento con los progresos semanales ayuda a visualizar los resultados.
Incluso los pequeños cambios —mejor equilibrio, menor rigidez, más confianza— tienen un gran valor motivacional.
3. Incorporar el componente social
La terapia en grupo o los ejercicios acompañados generan una red de apoyo emocional.
La interacción con otras personas con Parkinson favorece la constancia, el sentido de pertenencia y el compromiso con el tratamiento.
Además, compartir logros refuerza la autoestima.
4. Usar la música y el ritmo como aliados
El uso de música en la terapia (musicoterapia o ejercicio rítmico) mejora la coordinación y el estado de ánimo.
El ritmo guía el movimiento y la motivación, y ayuda a reducir los bloqueos de la marcha o la rigidez.
Un fisioterapeuta especializado puede adaptar las sesiones para integrar estos estímulos de manera terapéutica.
5. Crear rutinas con propósito
Incluir el ejercicio dentro de actividades cotidianas da continuidad al trabajo fuera de la consulta.
Por ejemplo, caminar al ritmo de una canción favorita, subir escaleras conscientemente o practicar estiramientos al despertar.
La rutina se convierte así en parte de la vida, no en una obligación.
6. Involucrar a la familia o al cuidador
El entorno familiar es un motor esencial para sostener la adherencia.
Explicar por qué cada ejercicio importa y cómo acompañar al paciente sin presión ni sobreprotección hace que el proceso sea compartido y sostenible.
A veces, caminar juntos o celebrar un avance pequeño tiene más efecto que una sesión extra.
El papel del fisioterapeuta: acompañar, no imponer
Desde la fisioterapia, acompañar al paciente significa escuchar, adaptar y motivar. Cada persona con Parkinson es diferente: en ritmo, energía, estado emocional y expectativas.
Por eso, el fisioterapeuta especializado debe ofrecer un enfoque individualizado, empático y flexible, donde el movimiento se viva como una oportunidad, no como una carga.
El vínculo terapéutico —basado en la confianza, la comunicación y la coherencia— es la base de la adherencia a largo plazo.
Conclusión: motivar es también tratar
La adherencia no se impone: se construye.
Acompañar desde la empatía, reconocer los logros y adaptar el tratamiento a las necesidades reales del paciente transforma la fisioterapia en una experiencia significativa. Y cuando el movimiento se convierte en parte de la vida cotidiana, el tratamiento deja de ser un deber y pasa a ser una forma de bienestar.
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