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Introducción
Vivir con Parkinson implica enfrentarse a muchos desafíos. Uno de los más desconcertantes y limitantes es el bloqueo de la marcha, también llamado “congelación de la marcha” o freezing. No todas las personas con Parkinson lo experimentan, pero para aquellas que lo hacen, estos episodios pueden generar miedo, frustración e incluso cambios en la forma de relacionarse con su entorno. Por eso, comprender qué es, por qué ocurre y qué herramientas concretas y personalizadas se pueden usar, es fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas que lo sufren.
1. ¿Qué es el bloqueo de la marcha?
El bloqueo de la marcha, o freezing, es un síntoma motor caracterizado por la incapacidad involuntaria y temporal de la persona para iniciar o continuar caminando, incluso cuando conscientemente lo intenta.
Durante un episodio, la sensación típica es que los pies están completamente “pegados al suelo”, como si hubiera un obstáculo invisible que impide el movimiento. No es raro que, en ese intento fallido de dar el paso, aparezca un ligero temblor en las rodillas o pequeños balanceos sin que el pie consiga despegarse.
Es crucial entender que este fenómeno no se presenta en un único momento, sino que puede ocurrir en diversas situaciones: al empezar a caminar, al cambiar de dirección o girar, al cruzar puertas o umbrales, al pasar de una superficie a otra, o justo después de estar sentado y ponerse de pie.
2. ¿Por qué ocurre el bloqueo?
El origen del bloqueo de la marcha es multifactorial, combinando factores fisiológicos con factores desencadenantes y un importante impacto emocional.
Factores fisiológicos
Este síntoma se debe principalmente a una alteración en los ganglios basales del cerebro, lo que provoca la pérdida del automatismo del movimiento. En el Parkinson, caminar deja de ser una acción que se realiza sin pensar para convertirse en una tarea que requiere una atención y planificación conscientes. Además, existe una disfunción en las áreas frontales del cerebro responsables de planificar, iniciar y secuenciar los movimientos, junto con un procesamiento de información más lento que disminuye la capacidad de respuesta rápida a estímulos.
Factores desencadenantes
Ciertos momentos y entornos actúan como gatillos. El bloqueo a menudo se relaciona con el estado de la medicación (bloqueo en fase «off» o incluso en «on»), las transiciones de movimiento (como ir de estar quieto a moverse), los cambios de dirección o los giros. Los entornos también juegan un papel crucial: pasillos estrechos, puertas, umbrales o cambios bruscos de superficie son lugares donde el bloqueo es más probable. Finalmente, el estrés, la ansiedad y la multitarea o distracciones cognitivas pueden precipitar un episodio.
Impacto emocional
Los episodios de bloqueo tienen una fuerte repercusión emocional, generando miedo a caerse, vergüenza y frustración. Es habitual que esta carga emocional lleve a la persona a evitar ciertas situaciones o salidas por temor a quedar bloqueada en público. Por ello, cualquier estrategia de manejo debe abordar este componente psicológico, no solo el déficit físico.
3. ¿Cuándo aparece y quiénes tienen más probabilidades?
El bloqueo de la marcha tiende a manifestarse típicamente en fases intermedias o avanzadas de la enfermedad de Parkinson, aunque en ciertos casos puede observarse algo antes. Hay varios factores que incrementan la probabilidad de experimentarlo. El riesgo es mayor en personas que llevan más tiempo con la enfermedad, que presentan fluctuaciones motoras o que han utilizado medicación dopaminérgica durante un periodo prolongado. También se ha observado que quienes tienen alteraciones en las funciones ejecutivas —como la atención y la planificación— corren un mayor riesgo. No obstante, si una persona que nunca lo ha padecido comienza a sufrir bloqueos de forma súbita, es fundamental consultar con el neurólogo/a, ya que en ocasiones puede ser un trastorno transitorio provocado por la necesidad de un reajuste en la medicación.
4. Estrategias prácticas para manejar y superar el bloqueo
Cada persona con Parkinson es diferente, y eso también aplica al modo en que experimenta y supera el bloqueo de la marcha. No existe una pauta única que funcione para todos, por eso es esencial conocer bien a la persona, observar en qué situaciones se bloquea más —al cruzar una puerta, al ponerse de pie, al girar o al atravesar un paso de cebra— y probar distintas técnicas hasta encontrar aquella que mejor se adapte a sus necesidades.
En la práctica, hay personas a las que les resulta muy útil contar en voz alta o mentalmente un simple “uno, dos, …” y repetirlo hasta salir del bloqueo, consiguiendo así automatizar de nuevo la marcha. Otras responden mejor a estímulos sonoros, como tararear una canción con ritmo que active su paso. También hay quienes logran desbloquearse simplemente pensando en correr: esa orden mental genera una activación suficiente para que los pies respondan y vuelvan a moverse. En otros casos, el entrenamiento requiere apoyos visuales más estructurados, como el uso de luces guía en el pavimento o estímulos visuales con “orden” de pisada del tipo “pisa la raya de los adoquines” o “imagina que pisas una cucaracha en cada paso”. Este tipo de herramientas, aunque puedan parecer sencillas, ayudan al cerebro a reenfocar la atención y romper la rigidez del momento.
Este proceso implica tiempo, observación y mucha práctica. Requiere valorar cuidadosamente qué técnica resulta más eficaz para cada persona y reforzarla con entrenamiento constante, hasta que se interiorice y salga de manera casi automática en las situaciones reales de bloqueo o freezing del día a día. Es fundamental trabajar no sólo la marcha en sí, sino también la respuesta emocional que se asocia al bloqueo. Estas situaciones suelen generar nerviosismo y estrés en quienes las sufren, lo que puede llevar a que tiendan a aislarse o eviten salir por miedo a quedarse bloqueados ante la mirada de los demás. Por eso, resulta tan importante realizar un trabajo previo de explicación y acompañamiento: entender lo que sucede, cómo el cerebro interpreta esa orden de movimiento, y qué estrategias pueden ayudarnos a “hackearlo” de forma consciente. Además de las técnicas de marcha, conviene practicar ejercicios de relajación, aceptación y adaptación emocional, de manera que la persona no solo recupere el movimiento, sino también la seguridad y la confianza en su entorno.
Aquí te dejo un resumen complementando con evidencia y consejos adicionales de las diferentes estrategias antibloqueo:
Técnicas visuales
– Marcar líneas en el suelo: pinturas, cintas, huellas u otros estímulos visuales que “sean objetivo de pisada”.
– Usar dispositivos de láser portátil (que proyecten una línea frente al pie).
– Pisadas visuales (pisar la raya de los adoquines, etc).

Tres ejemplos de pistas visuales para prevenir el bloque de la marcha. Crédito de imagen: Fixel Center for Neurological Diseases at UF Health
Técnicas físicas / de movimiento corporal
– Primer paso exagerado: levantando la rodilla delantera o haciendo un paso amplio.
– Balanceo del cuerpo: cambiar peso de un pie a otro para “romper” la inercia.
– Suspiro o respiración profunda antes del movimiento. (Parte de la estrategia de “STOP, SIGH, SHIFT, STEP” que proponen algunos autores).
Técnicas auditivas / mentales
– Contar en voz alta o mentalmente (“uno, dos, tres…”) priorizando el ritmo.
– Tararear o cantar una canción con ritmo marcado.
– Pensar en correr o en un paso largo antes de iniciar el intento de avanzar.
Adaptaciones y entorno
– Evitar superficies resbaladizas o muy brillantes, transiciones de superficie bruscas.
– Adecuar la iluminación; los contrastes visuales ayudan (por ejemplo marcas de color contrastante en el suelo).
– Uso de apoyos (bastón, pasamanos) si se anticipa una zona problemática (puertas estrechas, giros).
Ejercicio físico y rehabilitación continua
– Caminatas regulares, reforzando lo que se pueda automatizar.
– Trabajo con fisioterapeutas en marcha, giro, equilibrio.
– Entrenamiento cognitivo: atención, dual task (caminar mientras se hace otra tarea) para mejorar la resistencia del sistema frente a distracciones.
Medicación y estados “on/off”
– Ajustes de medicación pueden ayudar, aunque no siempre resuelven el bloqueo, sobre todo los episodios que persisten aun cuando la medicación está actuando.
– Es importante que el equipo médico vigile cuándo suceden los bloqueos, en qué momentos del día, cómo está la medicación, si hay fluctuaciones motoras.
5. Cómo decidir qué técnica funciona mejor para cada persona
Identificar la técnica adecuada para afrontar el bloqueo de la marcha es, ante todo, un proceso de observación y autoconocimiento. No se trata solo de aplicar ejercicios o trucos, sino de comprender cuándo y por qué aparecen esos bloqueos. Algunas personas descubren que se bloquean más al atravesar puertas estrechas o al girar, mientras que otras lo notan al iniciar la marcha después de estar sentadas o en momentos de distracción.
El primer paso es prestar atención a esos patrones: reconocer los momentos, los lugares y las emociones que suelen acompañar al bloqueo. A partir de ahí, se pueden probar diferentes estrategias —ya sean visuales, auditivas o mentales— hasta encontrar la que mejor se ajusta a cada uno. Lo importante es hacerlo de manera progresiva, sin presionarse y con la guía de un profesional que acompañe el proceso.
Cuando se identifica una técnica que resulta eficaz, llega el momento de practicarla hasta que se vuelva natural. La constancia y la repetición son clave para que el cuerpo y el cerebro aprendan a reaccionar automáticamente ante la sensación de quedarse “pegado”. Poco a poco, el movimiento se va liberando y la persona gana confianza en sí misma.
Tan importante como el aspecto físico es la parte emocional. El bloqueo genera frustración, y es normal sentir inseguridad o miedo a caerse. Por eso, el acompañamiento debe incluir también apoyo psicológico y familiar. Reforzar cada pequeño avance, aceptar que habrá días más difíciles y mantener una actitud paciente y compasiva marca una gran diferencia. Recuperar el paso no solo es volver a moverse, sino volver a confiar en el propio cuerpo.
6. Recomendaciones psicológicas / emocionales
Comprender lo que sucede en el cerebro durante un episodio de bloqueo es un punto de partida esencial. Cuando la persona entiende que no se trata de “falta de fuerza” ni de “pérdida de voluntad”, sino de un fallo temporal en la conexión entre la intención de moverse y la ejecución del movimiento, la carga emocional se aligera. Esa comprensión permite mirar el síntoma con menos miedo y más control.
Las técnicas de relajación, la respiración consciente o el simple hecho de detenerse un momento para reconectar con el cuerpo ayudan a reducir la tensión que agrava el bloqueo. A veces, un suspiro profundo o un par de segundos para reorganizar la mente antes de dar el paso marcan la diferencia entre quedarse inmóvil y poder avanzar.
También es importante aceptar que los bloqueos forman parte del Parkinson, pero no definen a la persona. Aprender a convivir con ellos con serenidad y sentido del humor, compartir las experiencias con otras personas que los viven, y apoyarse en familiares o cuidadores permite afrontar la enfermedad con una perspectiva más humana y esperanzadora.
En este camino, la paciencia y la empatía son tan terapéuticas como cualquier técnica de marcha. Saber que se puede aprender a desbloquear el cuerpo, pero también a calmar la mente, devuelve al paciente algo que a veces se pierde con el Parkinson: la sensación de libertad y de control sobre su propio movimiento.
En conclusión:
El bloqueo de la marcha en Parkinson no es solo un reto motor, es un fenómeno que involucra cuerpo, mente y emociones. Comprender qué lo desencadena, qué lo hace más frecuente en cada persona, y tener un repertorio de herramientas visuales, auditivas, físicas y mentales, permite “hackear” ese momento de congelación, recuperar el paso y reducir el temor.
Aunque no exista una única regla que funcione para todos, con paciencia, práctica personalizada y acompañamiento, se puede mejorar mucho la continuidad de la marcha, la confianza al andar y la calidad de vida.
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