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Introducción
Si conoces o convives con la enfermedad de Parkinson, sabrás que no solo afecta a la forma en que nos movemos, volviéndola más lenta o descoordinada. También puede provocar problemas de equilibrio y de percepción de la estabilidad, aumentando con ello el riesgo de caídas o, simplemente, la sensación de inseguridad al moverse.
Este es uno de los motivos de consulta más frecuentes entre las personas con las que trabajo, y ocupa un lugar importante en sus preocupaciones diarias.
La buena noticia es que la fisioterapia se convierte en una aliada fundamental para mejorar el control postural y las reacciones de equilibrio, reduciendo riesgos y devolviendo confianza.
Pero, empecemos por el principio.
¿Por qué se afecta el equilibrio en el Parkinson?
El Parkinson altera la capacidad del cuerpo para mantener el equilibrio por diferentes motivos:
1. Rigidez muscular
La rigidez típica de la enfermedad provoca tensión excesiva en los músculos, haciendo que los movimientos se sientan más “robóticos” y menos elásticos. Esto limita la capacidad de adaptación del cuerpo a los cambios posturales y a las correcciones que necesitamos para mantenernos estables.
2. Problemas de coordinación
El Parkinson afecta a los ritmos naturales del cuerpo. Puede resultar más difícil acompasar los brazos al caminar, seguir un ritmo musical o coordinar movimientos de brazos y piernas. Esta pérdida de sincronía dificulta tanto las posturas estáticas (por ejemplo, esperar de pie en una cola) como las dinámicas (caminar, girar, cocinar), y genera esa sensación de inestabilidad en el día a día.
3. Alteraciones en los reflejos posturales
Estos reflejos, que nos ayudan a reaccionar cuando tropezamos o perdemos el equilibrio, están debilitados. Por eso, la fisioterapia debe incluir una evaluación personalizada que permita entrenar y reforzar estas respuestas automáticas.
4. Marcha inestable
Los cambios propios del Parkinson, como caminar con pasos cortos, a menor velocidad o con bloqueos (“freezing”), aumentan la sensación de inseguridad. Estudiar cómo camina cada persona y trabajar sobre ello es clave para recuperar confianza en el movimiento.
El papel de la fisioterapia en el equilibrio
El equilibrio es un aspecto complejo y multifactorial. Como fisioterapeuta especializada en neurorehabilitación, realizo siempre una evaluación individualizada de las capacidades y necesidades de cada persona, para diseñar un plan adaptado que le permita mejorar progresivamente su control postural y su seguridad.
Algunas técnicas que utilizo son:
– Entrenamiento postural: fortalece la musculatura del tronco y ayuda a mantener una alineación adecuada, reduciendo el esfuerzo al moverse.
– Ejercicios funcionales: reproducen tareas de la vida diaria, como levantarse, girar o desplazar peso, trabajando la fuerza, el equilibrio dinámico y la coordinación.
– Estimulación sensorial: a través de estímulos táctiles y visuales, se mejora la percepción del cuerpo en el espacio, fundamental para que el cerebro interprete correctamente la información y genere respuestas de movimiento más seguras.
Ejercicios prácticos para empezar
Aquí tienes cuatro ejercicios sencillos que pueden ayudarte a trabajar el equilibrio.
Importante: realízalos siempre con supervisión profesional o de un familiar si tu equilibrio está comprometido. No los practiques en periodos OFF o si tu medicación no está ajustada.
1. Equilibrio a una pierna (con apoyo)
– Colócate junto a una pared o una silla para mayor seguridad.
– Mantente en un pie durante 10-15 segundos y cambia de lado.
– Refuerza los músculos estabilizadores y mejora la coordinación.
2. Marcha en linea recta
– Imagina una línea en el suelo y camina colocando un pie delante del otro.
– Abre los brazos para equilibrarte.
– Refuerza los músculos estabilizadores y mejora la coordinación.
3. Movimientos de cambio de peso
– De pie, desplaza lentamente tu peso hacia un lado y luego hacia el otro.
– Hazlo sin apoyo solo cuando ganes confianza.
– Mejora el control del cuerpo en movimiento.
4. Subir y bajar pequeños escalones
– Practícalo con ayuda de una barandilla o un acompañante.
– Refuerza las piernas y entrena la capacidad de respuesta en cambios de altura.
Pauta de entrenamiento:
Realiza los ejercicios al menos 3 veces en semana, te llevarán muy poco tiempo
– Ejercicio 1: Haz cuatro rondas de 10-15 seg con cada pierna
– Ejercicio 2: Elige al menos un tramo entre 2 y 5 metros, donde te puedas apoyar como en un pasillo (apoyo en la pared). Al principio puedes llegar solamente hasta la mitad si es muy largo, e ir aumentando el recorrido a medida que te sientas más seguro/a. Realiza 3 recorridos completos (ida y vuelta), pero para y haz menos si sientes que te cansas o mareas, eso significaría que por el grado de atención estas agotándote y tienes que descansar un poco antes de proseguir.
– Ejercicio 3: Realiza 2 rondas de 10 desplazamientos
– Ejercicio 4: Empieza subiendo y bajando 1 solo peldaño unas 20-30 veces (o en la medida de tus posibilidades y tu cansancio), o si tienes un tramo de escaleras con 5 o 10 escalones, prueba a bajarlos y subirnos entre 3 y 5 veces, y aumenta a medida que progreses en tu condición física.
Consejos prácticos para prevenir caídas
Además de los ejercicios, pequeños cambios en el entorno y la rutina pueden marcar la diferencia:
– Usa zapatos cómodos, antideslizantes y bien ajustados al tobillo.
– Retira alfombras sueltas y despeja los espacios de paso.
– Asegura una buena iluminación en casa, especialmente por la noche, para facilitar la percepción de distancias.
– Levántate lentamente de sillas o camas, evitando mareos o desequilibrios.
Un enfoque integral
Cada persona con Parkinson vive un proceso diferente. Por eso, es clave que las estrategias para mantener la autonomía estén personalizadas y guiadas por profesionales.
Una parte importante de mi trabajo como fisioterapeuta consiste en:
– Evaluar tus puntos fuertes y tus desafíos diarios.
– Diseñar un plan de ejercicios funcionales adaptado específicamente a ti.
– Entrenar contigo técnicas de movilidad y prevención de caídas, según tu entorno habitual.
– Coordinarme con terapeutas ocupacionales si es necesario modificar mobiliario, objetos o espacios.
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Si aún no conoces cómo el ejercicio influye en tu autonomía y salud cerebral, te recomiendo leer este artículo:
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